Por Garo
El día que el pingüino soñó volar en cielo no azul
y libre de agua.
El titiritero perdió su cuerno.
Una exfoliación melancólica,
a su pesar.
Cruzó sus manitos viejas y
sentose a desvanecer lágrimas
sobre la hierba de parques
intrasfigurables
La noche que el pingüino decidió caminar
lentamente abrigó sus pesadas alas
alzó los ojos a la luna que siempre lo miraba con una sonrisa
y se dispuso a lamer su tristeza.
Nadie se imaginaba tanta soledad
encerrada en los sueños de un niño nostálgico
Cogió con su pico un cactus
el desierto estaba bajo sus pies
y la muralla de fuego le regaló una tortura.
jueves, 27 de noviembre de 2008
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