jueves, 27 de noviembre de 2008

Un poco de agradecimientos

Bueno esta entrada es más que nada para agradecer a Garo, mi amigo Jonathan, por permitirme usar sus textos, es un incipiente escritor, con un gran potencial.

Todos sus textos tienen "Por Garo" al inicio, pueden encontrar esos mismos textos, y muchos más en http://garo-intento.blogspot.com

Gracias Garo :D

El pez azul

Por Garo

A ella.
Agradecimiento a Carmen.

Él la esperó en el Caffé. Ella adora el café. La propuesta exacta, el vuelo acuoso de los peces azules en el acuario, los automóviles inmóviles, la sonata en el decimocuarto minuto. No llegaba. Él había escrito su mejor poema, aquel que nunca mostraría a sus editores, inexistente, jamás escrito, ya que sólo fue para ella. Ausente el otro lugar de su mesa. Una hora o dos. Las campanas de la catedral anunciaban la medianoche. Ella nunca llegó. ¿Cuántos años? Uno, dos, cinco. Luego, su rostro. Simplemente aquellos poemas que nunca le escribió.

Afuera, inexorable oscuridad que se extendía desvaneciéndolo todo. Alguna vez le dijo que nunca lo olvidaría, que no podría, que la abrazara. Y la abrazó con esa forma que se hace a los veinte años, extrañamente sincera, sin promesas, sin esperar nada, sólo sostenida por la inconsistencia de las palabras. De las efímeras palabras. Y dejó de escribir ya que los signos eran incapaces, impotentes de cualquier construcción léxica, silogismo o argumento lógico de explicación sobre lo inefable.

Y fue feliz. Y pudo decirle que la amaba, como en los cuentos que escribía cuando adolescente, donde sus amadas eran pálidas y tímidas y se marchaban. Ella en cambio se quedó. No podría recordar por cuánto, ni siquiera la calle donde vivía, ni cuál era el número o la dirección postal. Todo había sido transformado por cuatro décadas de ausencias e inevitables viajes literarios. Pero ella dijo que volvería, que regresaría a su ciudad, a la ciudad de ambos. Tal vez sólo quedaba la promesa de tomar café. En ese salón donde podrían observar a los peces volar en cielo acuoso, encontrar el pez azul, exacto, ese animal precioso que era desconocido para la ictiología pero muy dable en sus versos, en los versos de ella. Pues él dejo de escribir poesía. Aunque ahora tenía un poema. Su mejor poema.

Y ella nunca llegará, no leerá el poema, se diluirá. Pues la poesía era sólo un pretexto para olvidar. Para dejar de amar. Como ella a él. Y él a ella. Y se preguntarán ambos: ¿Dónde está el pez azul? Recordarán sus rostros y sólo podrán verse dentro de sus cabezas, los dos con aletas azules, exactas e intangibles.

Luctuosa Continuidad

Por Garo

El niño pateó su pelota.

En el campo de juegos están los melancólicos eucaliptos.
Los que soñaron su abuelo, su padre y sus hermanos muertos.

Pelota prístina sobre rumor de hojas. Bosque. Tres generaciones.

Continuo sueño sobre la muerte.

Contrapoemas del pingüino y el titiritero 3

Por Garo

El día que el pingüino soñó volar en cielo no azul
y libre de agua.
El titiritero perdió su cuerno.
Una exfoliación melancólica,
a su pesar.
Cruzó sus manitos viejas y
sentose a desvanecer lágrimas
sobre la hierba de parques
intrasfigurables

La noche que el pingüino decidió caminar
lentamente abrigó sus pesadas alas
alzó los ojos a la luna que siempre lo miraba con una sonrisa
y se dispuso a lamer su tristeza.

Nadie se imaginaba tanta soledad
encerrada en los sueños de un niño nostálgico

Cogió con su pico un cactus
el desierto estaba bajo sus pies
y la muralla de fuego le regaló una tortura.

Contrapoemas del pingüino y el titiritero 2

Por Garo


Es cosa de jodidos enamorados
querer a la muchacha pálida de siempre
construir soliloquios
masturbarse penitentemente:
el pecado de no olvidar
sus ojos claros.

Recordar cada paseo,
cada inútil afirmación
o construcción de futuro,
Es cosa de jodidos onanista

Dime maestro calvo,
tu que has visto la soledad
alargarse en tus uñas

¿Cuál es el secreto?
que esconde el amor
en forma de mujer
pálida
de siempre

Tú que has escrito cientos de poemas,
de niñas buenas,
malas y putas

Revela a tu pequeño aprendiz
el secreto de los jodidos enamorados

el porque de tantas lunas sin nombre,
el porque de tantas veces
la misma muchacha pálida,
la de siempre.

Con otro rostro.

Contrapoemas del pingüino y el titiritero

Estas tres partes tambien son de Garo

El poeta cree que el tiempo
es indolente,
que no importa.

Irrisoria afirmación de necios
o de niños con acné.

El tiempo va a su costado
arrancándole los cabellos
lento
como amante sanguinolenta

llevando la continuidad de sus espejos
a la más sincera
desaparición.

Ayer no te viste poeta.
Era el reflejo de tu amada con vestido negro

Suelo Recordar

Otra vez por Garo


Suelo sollozar, siendo exactos, recordar tu carpeta. No prestaba atención a las clases, deseaba tener ojos en la espalda; saber si sonreías o llegabas con las marcas que escondías debajo de tu blusa, de las peleas que sospecho librabas con tu madre.

Cuán sola podrías estar con el cassete de música tranquila que te regaló tu padre. Han pasado los años y nunca te pregunté su nombre; ciertamente lo amabas. Cuando me contabas que paseaban, tus ojos eran más claros, eras más bella, te quería más.

Ya no corríamos, prefería caminar contigo, sólo un momento porque tenía que regresar, los libros de los que te hablaba con soberbia me esperaban. Tus reproches luego fueron correctos y sin saberlo observé por primera vez los ojos de ese amor que no se dice con palabras, que es inaudible porque su silencio es el auténticamente perfecto; como el equilibrio, fugaz, intenso y efímero.

Pronto todo era insoportable. Tu ausencia cuando enfermabas o escapabas de casa, tus salidas sin razón del aula o los días que no me llamabas por teléfono para contarme cuántas veces acariciaste a tu gato o simplemente para conversar sobre tu madre. Nunca preguntaba, me avergonzaba. Recuerda que me conformaba con poco.


Suelo sentarme en la última carpeta de las aulas. Sería terrible desear tener, nuevamente, ojos en la espalda. Suelo escuchar el cassete de tu padre y olvidar que te pareces demasiado a tu madre. Nunca fue tu culpa que te quisiera, pero es suficiente el recuerdo.